Los 12 mejores episodios de ‘Sexo en Nueva York’

Los 12 mejores episodios de ‘Sexo en Nueva York’

Los mejores episodios de Sexo en Nueva York pueden dividirse en estas dos categorías: los hay que levantan el ánimo y los hay escapistas. Nos traen infinitos Cosmopolitans, apartamentos en el Upper East Side con alquileres sensatos, periodistas que pueden permitirse un Prada e innumerables líos amorosos con estrellas invitadas que van desde Bradley Cooper hasta Vince Vaughn. Luego están aquellos que se enfrentan a la complicada (y a menudo difícil) realidad de ser mujer en una sociedad patriarcal: un poco de sexismo aquí y allí en el trabajo; la cansina discriminación por edad de los estándares de belleza; la constante e incansable presión social por “sentar la cabeza”; y el omnipresente dilema de ser (o no) madre cuando parece que todo el mundo “espera” que lo seas. Las seis temporadas originales suman un total de 93 episodios, unos buenos, otros malos y otros espantosos. Antes de que llegue el esperado reboot de la serie, estos son los mejores episodios de Sexo en Nueva York que recomendamos volver a ver.  

1. “El valle de los veinteañeros”

Temporada 1, episodio 4

En este episodio, convertido en clásico, Carrie es seducida por un chico que aspira a entrar en una boy band de los 90, alguien que le enseña en un bar su piercing en la lengua y que vive en lo que podríamos describir como un refugio nuclear decorado por Jerry García. También es el momento en el que Charlotte se empieza a destapar como la peor de todas. Sus tres prioridades a la hora de salir con alguien, según Carrie, son “la apariencia, los modales, el dinero”, un enfoque sentimental que no le ayuda mucho cuando su banquero de inversiones del día le pide probar el sexo anal después de unas cuantas semanas saliendo. Puntos extra por la profunda conversación que mantienen las chicas en el asiento de atrás de un taxi sobre las dinámicas de poder intrínsecas a que “te den por detrás”.

2. “Reunión prenatal”

Temporada 1, episodio 10

Cuando las ‘4 grandes’ abandonan su hábitat natural de Manhattan, nunca pasa nada bueno: agresivas depilaciones a la cera en Los Ángeles; meteduras de pata culturales en París; enfermedades de transmisión sexual en los Hamptons; por no hablar de Abu Dhabi… Sin embargo, sus percances en la baby shower que organiza una amiga fiestera ya reformada en su casa de Connecticut son tan divertidos como entrañables, al tiempo que cada personaje manifiesta lo que siente en torno a la maternidad. A destacar, los regalos para de Samantha y Miranda para la nueva mamá: una botella de whisky escocés y condones en colores pastel.

3. “Llévame al partido”

Temporada 2, episodio 1

En este capítulo vemos a todas las chicas en su máxima expresión. Carrie agoniza por su ruptura con Big, tanto en Manhattan (“un campo de batalla desierto, cargado de minas terrestres emocionales”) como en el partido de los Yankees en el Bronx, donde invita a un jugador de béisbol a la fiesta de Dolce & Gabbana y encadena interminables metáforas absurdas comparando el béisbol con su vida amorosa. (“Si fuera jugadora de beisbol, mi porcentaje de bateo sería… el equivalente a pésimo”). Miranda cae víctima esta vez del departamento de vestuario y está encantada con su PalmPilot; Charlotte intenta resolver un problema con cierta compra en Barneys y, en fin, diciendo nada; y Samantha se va sacando de la manga objetos varios para demostrar el tamaño del pene de su novio.

4. “Matan a los solteros, ¿no?”

Temporada 2, episodio 4

Después de pasarse toda la noche fuera, Carrie acude, hasta arriba de tequila, a que la fotografíen para el editorial de portada “Soltera y fabulosa” de la revista New York. Cuando sale la revista, la foto elegida es tan poco halagüeña que parece “algo sacado de una alcantarilla” y el artículo la pone a caldo (“¿Qué diversión encuentran estas mujeres en salir todas las noches a los 40?”). Las chicas se asustan tanto que se embarcan en relaciones cutres: Samantha sale con el dueño de un club de salsa; Charlotte empieza a acostarse con su amigo el “manitas”; y Miranda echa un polvo horrible con un oftalmólogo (Él: “Sé todo sobre la anatomía de las mujeres. Soy médico”. Ella: “Eres oftalmólogo”). El capítulo es uno de los que mejor ilustran las comeduras de tarro retorcidas que sufrimos a veces (sobre todo las mujeres) cuando se nos echa en cara absurdamente nuestra soltería. 

5. “Ataque a la mujer de 1,80”

Temporada 3, episodio 3

Esta vez el capítulo se centra casi todo en Carrie, quien, después de enterarse de la boda de Big y Natasha en los Hamptons por la sección Style del New York Times, se empieza a comparar obsesivamente con la ejecutiva de Ralph Lauren, arrastrando a Samantha a la comida de Mujeres en el Arte Artes con la esperanza de toparse con su némesis. Aún más importante, este es el primer episodio de Sexo en Nueva York en el que sale Madga, la empleada del hogar y niñera de Miranda, con su artística manera de colocar los sobrecitos del té y empeñada en sustituir el vibrador de Miranda con una imagen de la Virgen María. La impecable respuesta de Miranda es: “Soy una mujer soltera de 34 años que vive en Nueva York. Me gusta el café, tengo buen sexo, compro pasteles y disfruto de los aparatos que funcionan a pilas “. Además, Charlotte también hace de las suyas.  

6. “No preguntes, no cuentes”

Temporada 3, episodio 12

“No preguntes, no cuentes” le da a la vuelta al supuesto cuento de hadas de casarse en el Upper East Side. Charlotte descubre el problema de impotencia de Trey en la víspera de su boda, pero decide seguir adelante con la ceremonia de todos modos (“Charlotte tenía 34 años, estaba soltera y llevaba  un vestido de novia de 14.000 dólares; iba a casarse y nada podría impedírselo”). Mientras tanto, Carrie, fiel a su naturaleza noble, le cuenta a Aidan su desliz con Big el mismo día de la boda de su mejor amiga y llega tarde a la iglesia. En palabras de Samantha: “El matrimonio no garantiza un final feliz, solo un final”. 



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